Arquitecto y Urbanista graduado por la Universidad Católica de Rio Grande do Sul, Lori Crízel es Especialista en Neurociencias y Comportamiento Humano por la PUC/RS y Magíster en Percepción Humana y Confort Ambiental por la UFRJ. Actualmente, Lori cursa un Doctorado en Neuroarquitectura y cuenta con una amplia trayectoria en este campo. Su capacidad para explorar el tema dio origen al primer libro publicado en Brasil sobre la materia: “Neuroarquitetura, Neurodesign e Neuroiluminação: Neuroarquitetura e Teoria de Einfühlung como proposição para Práticas Projetuais”.

Además de su trayectoria académica, Lori Crízel desarrolla una intensa actividad profesional en distintas áreas. Es CEO del estudio Lori Crízel + Partners; CEO de la plataforma NEURO AI; CEO y miembro fundador del Instituto Neuro.Bio.Design; coordinador del Núcleo de Neuroarquitectura en el estudio AKMX; poseedor del Sello CREA/PR de Excelencia en Proyecto Arquitectónico; editor en jefe del Journal of Eco+Urbanism and Neuroarchitecture; columnista de Neuroarquitectura para las revistas ArchDaily y LumeArquitetura; miembro fundador del proyecto Neuro in Lab; mentor del programa Design Tank Brasil y consejero suplente del CAU/PR.

Con esta amplia trayectoria dedicada a la Neuroarquitectura en Brasil, Lori Crízel comparte con Bortolini cómo la neuroarquitectura puede mejorar la productividad en las empresas.

La neuroarquitectura se presenta como un vínculo entre la neurociencia y el diseño de espacios, revelando cómo la configuración de los ambientes puede influir directamente en nuestra mente, bienestar y comportamiento. Este campo de actuación va más allá de la estética y se dedica a comprender por qué y cómo nuestro cerebro reacciona a los estímulos externos. Investiga nuestros modelos perceptivos —desde la disposición del mobiliario hasta los colores, materiales y texturas— con el objetivo de fomentar la creatividad, la productividad y el bienestar, así como favorecer los procesos de recuperación emocional y fortalecer los vínculos colaborativos.

Algunas de estas estrategias incluyen el uso de los colores, la altura del techo, la iluminación natural, las formas arquitectónicas, las texturas, el uso de materiales naturales y la disposición del mobiliario y de los objetos. Todo ello se aplica de acuerdo con teorías del diseño, la psicología y la neurociencia. Para estimular la creatividad, por ejemplo, los arquitectos apuestan por elementos naturales, colores vivos y espacios destinados a la convivencia.

La capacidad de colaboración y la creatividad no son atributos permanentes, sino respuestas a factores externos que pueden desarrollarse o disminuir con el paso del tiempo.

En comparación con las personas que trabajan en empresas con bajos niveles de confianza, quienes trabajan en organizaciones con altos índices de confianza presentan un 74 % menos de estrés, un 106 % más de energía en el trabajo, un 50 % más de productividad, un 13 % menos de días de ausencia por enfermedad, un 76 % más de compromiso, un 29 % más de satisfacción con sus vidas y un 40 % menos de agotamiento laboral (burnout), de acuerdo con el investigador Paul J. Zak.

Las estrategias de la neuroarquitectura abarcan una amplia gama de principios de la psicología, el diseño y la neurociencia.

Al ampliar su campo de aplicación, la neuroarquitectura puede convertirse en una gran aliada de otras disciplinas que persiguen el mismo objetivo. Es el caso de la neuroeconomía, una teoría también desarrollada por Paul J. Zak.

El entorno construido es percibido inicialmente a través de las emociones, un sistema instintivo y eficiente que evalúa lo que es bueno o malo, seguro o peligroso, con el fin de preservar la vida. El cerebro humano es capaz de distinguir de forma instantánea materiales, relaciones espaciales, proporciones, escalas, niveles de confort, entre otros aspectos. En conclusión, el espacio siempre influye en quienes lo habitan, manteniendo una interacción constante entre el ambiente y el individuo.